Durante 2024, la comunidad autónoma de Canarias registró los niveles más altos de gasto en juegos de azar presenciales en España, según datos del Instituto Canario de Estadística (ISTAC). Las cifras incluyen actividades como:
De acuerdo con el informe, los ocho casinos operativos en el archipiélago alcanzaron una facturación de EUR 62,75 millones (USD 73,8 millones) en apuestas. Por su parte, los 32 bingos en funcionamiento generaron ingresos por EUR 215,79 millones (USD 253,7 millones).
El mayor volumen de gasto se concentró en los productos de Loterías y Apuestas del Estado (SELAE), que abarcan juegos como la quiniela, el quinigol, la primitiva, el lototurf y la quíntuple plus. En este segmento, los ciudadanos canarios destinaron EUR 450,61 millones (USD 529,9 millones). A ello se suman los productos de la ONCE (cupones, juegos instantáneos y juegos activos), que registraron un gasto de EUR 203,41 millones (USD 239,2 millones).
Las estadísticas del ISTAC también evidenciaron un crecimiento sostenido del gasto en apuestas deportivas realizadas en establecimientos físicos, que alcanzó los EUR 123,68 millones (USD 145,4 millones). Más allá del volumen de gasto, el juego presencial mantiene un peso relevante en la economía canaria, con impacto directo en:
En este contexto, la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR) expresó su preocupación por los riesgos que los juegos de azar representan para los menores de edad, subrayando la falta de controles efectivos de acceso en determinados juegos presenciales.
El director técnico de FEJAR, Juan Lamas, advirtió que los productos de SELAE y la ONCE “se comercializan sin un control riguroso de acceso”, lo que facilita que menores de 18 años participen en actividades de juego no permitidas legalmente. Asimismo, señaló que, aunque en el juego online existen sistemas de control biométrico que dificultan el acceso de menores, en el juego presencial la supervisión depende en gran medida de la responsabilidad del personal o de los vendedores.
Finalmente, Lamas recordó que el juego, pese a ser una actividad económica legal y regulada, puede afectar a distintas áreas de la salud de las personas, especialmente cuando estas no logran controlar el impulso de jugar y reinciden en la conducta.